El Secundario se fortalece ante la pandemia

Nos encontramos a tres meses del inicio del ciclo lectivo 2020 y, por el momento, no tenemos certezas ni precisiones sobre el retorno a las clases tal y como las conocemos. Apenas nos encontramos presencialmente con nuestros estudiantes en contadas oportunidades e, incluso, muchos docentes no llegaron ni a presentarse frente a su alumnos y alumnas dada la celeridad con la que se desencadenaron los hechos en los primeros días de marzo.

Todo ciclo lectivo se inicia con el cierre del anterior, sin embargo, ninguna idea, plan o propuesta que comenzara a diseñarse allá por diciembre del año pasado, ha podido ser puesta en marcha como fuera pensada originalmente y, en el mejor de los casos, debió reformularse para adaptarla a la virtualidad, que se ha convertido -al menos por el momento- en la “nueva normalidad” de la educación.
A lo largo de estos meses, hemos intentado acompañar y contener a los alumnos de nuestra institución, trabajando “codo a codo” entre todo el plantel docente y con el acompañamiento y orientación de directivos y autoridades. Hemos realizado un esfuerzo significativo por sostener la calidad educativa que a diario brindamos, sorteando todo tipo de circunstancias adversas, la mayoría de ellas vinculadas con la heterogeneidad que la tecnología nos propone, tanto a docentes como a estudiantes.
A pesar de haber actuado rápidamente y de haber organizado un plan de contingencia a nivel institucional desde el momento en que las clases fueron suspendidas, las primeras semanas fueron las más complejas: la incertidumbre que planteaba el escenario no permitía diseñar una planificación que otorgue previsión a la labor docente, un horizonte de expectativas factibles de ser cumplidas. Toda modalidad de trabajo debía ser repensada y puesta a disposición de los estudiantes de manera virtual, ajustando cada estrategia en función de la situación particular de cada alumno y de cada alumna, de cada familia, para que nadie quede por fuera de nuestro trabajo.
Con el correr de los días, comenzamos a darnos cuenta que dependíamos más de los tiempos que la propagación del virus imponía, que los impuestos por el calendario escolar. Las carteleras fueron convirtiéndose en fotos que circulaban por Whatsapp, los actos en videos, las tareas se enviaban por correo electrónico y las clases… por Zoom.
La nueva normalidad docente comenzó con la suspensión de clases presenciales y nos encontramos trabajando bajo una modalidad para la cual no fuimos formamos. La tiza y el pizarrón se convirtieron en pantallas, el aula en distanciamiento y los procesos de enseñanza aprendizaje están mediados por el celular.
El contexto nos ha impuesto una modalidad de trabajo que apeló a nuestra profesionalidad, demandándonos una inversión de tiempo en nuestras tareas mayor a la habitual. El diseño y adaptación de actividades para el plano virtual ha implicado destinarle extensas horas en el ámbito doméstico, espacio que normalmente reservábamos para el desarrollo de la vida privada. Hasta que todo pudo ponerse finalmente en marcha y sobre ruedas, sólo los docentes entendían a los docentes, y sólo los profesores podían acompañar a los profesores. Sin embargo, y a diferencia de otras actividades que al día de hoy pueden encontrar a sus trabajadores circulando con autorización por las calles -al menos para ir y volver de su trabajo-, el futuro inmediato plantea a la docencia una situación de encierro que continuará y una modalidad de trabajo que se está afianzando, en vez de comenzar a planificar el regreso a clases presenciales.
En este cont  exto, compartimos nuestro hogar con nuestras familias, cada una con una composición distinta, pero que requieren de nuestra atención y acompañamiento, como nosotros también necesitamos de nuestros afectos. Todos los docentes del Colegio Secundario José Antonio de Oro Ocampo nos encontramos en la misma situación adversa, producto de la cuarentena y de la distancia de nuestros seres queridos. Sin embargo, no dejamos de ser positivos, apoyándonos mutua y virtualmente a diario, siendo consciente que, al igual que otros malos momentos, este, también pasará. Ya nos volveremos a reencontrar, a compartir mates, a realizar reuniones y, por sobre todo, a poner en marcha la modalidad de enseñanza para la cual nos formamos y mejor sabemos aplicar: dentro del aula, cara a cara y con el pizarrón de fondo.